Por Nicolás Hirtz – Salta 12

Ramiro Ragno es ingeniero en recursos naturales y medio ambiente y trabaja impulsando el llamado turismo rural, aunque él lo denomina de diversas maneras y todas lo representan, turismo de cercanías, sustentable, soberano, comunitario, campesino e indígena.

Desde 2004 forma parte de la Secretaría de Agricultura de la Nación en Salta impulsando los sectores rurales, y cuenta con orgullo que en 2013 lograron que la provincia sea la primera que reconoció legalmente “al prestador de turismo comunitario“.

El jueves último por la noche, en el marco de la semana de la Carrera de Recursos Naturales, de la Universidad Nacional de Salta, dio una charla virtual en la que habló de los desafíos para construir alianzas en territorio con el fin de lograr la soberanía alimentaria, fomentar el turismo de proximidad y la comercialización local.

Un rato antes, conversó con Salta/12 sobre estas cuestiones, el momento que atraviesa la humanidad y el sector en particular en la pandemia y el rol del Estado y de quienes manejan el “negocio” del turismo.

“En la medida que el campesino o el indígena sean parte del paisaje, nadie te discute nada”, dijo el técnico de Agricultura, “ahora, cuando nosotros planteamos políticamente sentarnos en la mesa de turismo como prestadores y no ser meros empleados o proveedores, ahí cambian las caras y el tono de voz”, agregó.

Esta mirada generalizada, a la que se suma ser una oferta incipiente y sin muchos recursos de difusión en el mercado turístico, genera que muchas veces necesiten ingresos externos como la cosecha o la construcción, por lo que deben migrar para subsistir.

“Y como muchas de esas actividades (construcción y la circulación para la cosecha) también estuvieron paradas por la cuarentena, no la estaban pasando bien”, contó, y reconoció la importancia que tuvo para esas familias el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).

Turismo y producción de proximidad

Para Ragno, el desafío está puesto hoy en llegar también al nivel local, tanto en el turismo como en la promoción de artesanías, y para ello es muy importante el rol de la provincia, los municipios y las empresas.

“Hay que valorar los productos artesanales de territorio”, indicó, e hizo mención a ciudades como Salta, Cafayate, o Campo Quijano, en donde hay grupos de artesanos de las comunidades, “se debe activar la responsabilidad social, pensar los regalos empresariales por ejemplo”.

Lo mismo sucede con las ferias, mercados, escuelas, comedores y hotelería, “se debería priorizar la venta y el consumo regional”.

En cuanto al turismo, el ingeniero planteó que la idea es fomentar en los norteños “que no solo pensemos en viajar lejos, sino pensar en la proximidad”. Señaló que se puede ir a pasar solo el día a algún establecimiento cercano como San Bernardo de la Zorra, “que nuestros hijos aprendan a hacer queso, o empanadas, o a ordeñar mientras nosotros compartimos las propuestas y forma de vida de la gente de la zona que nos está esperando”.

“En lugar de un sábado salir a hacer running al cerro San Bernardo o a la Quebrada de San Lorenzo, se pueden ir con el grupo a hacer senderismo al Gólgota pero con un guía del emprendimiento comunitario de turismo de Turuyaco, en la Quebrada del Toro”, añadió.

En lugar de hacer el típico recorrido por Cafayate, visitando bodegas, los médanos y la plaza, invitó a que los turistas visiten la Comunidad Diaguita El Divisadero, hacer un circuito guiado a las cascadas, o hacer artesanía de fieltro con el grupo Anguinaos (en San Carlos), y dormir en alguna casita de adobe en Corralito con la Red de Turismo Campesino. “No hace falta armarlo demasiado al viaje, es cuestión de preguntar”, aseguró.

Nombró también el trabajo que realiza la comunidad diaguita de Cachi o Tolar Grande, en el departamento Los Andes.

En Salta hay más de 10 comunidades organizadas que realizan estas actividades, en Tartagal y Aguaray también hay comunidades que reciben turistas. Como el corredor Guaraní, que incluye a las comunidades Yariguarenda, Peña Morada y La Salamanca, en donde se puede ir a hacer senderismo y avistaje.

Para conocer más sobre la oferta, contactarse y hacer reservas, existe una Red Argentina de Turismo Rural Comunitario que tiene su página de Facebook y un correo electrónico para consultar raturc2017@gmail.com.

La pandemia como oportunidad

Para el especialista, este momento debe ser usado para la reflexión, “para construir territorio”, para crecer en la mirada interna y revalorizar lo próximo.

Desde el sector celebraron que la mitad del turismo que reciben sea argentino, pero quieren llegar a los “salteños y norteños, que creen que conocen Cafayate, pero conocen otra realidad, no la que nosotros le proponemos, no se salen de las fotos que ya conocemos todos, queremos que salgan de su círculo de confianza”.

“Ir a ver el detrás de la producción y compartir esa experiencia”, expresó. En Jujuy, Tucumán y Catamarca también está creciendo mucho esta forma de hacer turismo, “el NOA debe tener el 40% de las ofertas a nivel nacional gestionado por comunidades campesinas indígenas”. El resto está en la Patagonia, con las comunidades mapuches y les siguen las guaraníes en la zona de Iguazú.

El 2020 fue declarado el Año internacional del Turismo y el Desarrollo Rural por la Organización Mundial del Turismo (OMT) con el objetivo de crear conciencia sobre la importancia de defender, proteger y desarrollar las zonas rurales y elevar el nivel de bienestar de sus habitantes.

“Nosotros lo veíamos como una oportunidad de visibilizar estas propuestas e involucrar a los gobiernos, pero la pandemia arrasó con todo y nos invisibilizó”, dijo Ragno, aunque aseguró que ven una posibilidad a futuro a partir de esta experiencia mundial, “no nos queremos quedar con una mirada negativa”.

A su vez indicó que hubo charlas y acercamiento del gobierno provincial en ese sentido y que su objetivo post pandemia es llegar a centros de jubilados, de estudiantes y sindicatos, “nos interesa mucho avanzar en propuestas organizadas, realizar convenios entre las comunidades con las organizaciones”. “Tenemos que hacer popular el turismo”, subrayó.

La relación con el Estado

Ragno explicó que no siempre es fácil la relación con los encargados de gestionar el turismo, porque se impone la mirada mercantilista y tradicional de hacer turismo, “la vamos construyendo gestión por gestión, algunos tienen una mirada más inclusiva y otros sostienen el prejuicio sobre este sector”.

Uno de los problemas que vive este tipo de economía rural “va de la mano de las normativas, los famosos quesos de Amblayo, por ejemplo, todavía no están habilitados por el SENASA, porque les piden una infraestructura imposible de construir para ellos”. “Está todo pensado para empresas grandes o Pymes”, subrayó.

Por último, expresó que para estos sectores es de suma importancia el rol del Estado, y para ello recordó al Ejecutivo Nacional que es imprescindible que se reincorpore todo el personal que fue despedido de la Secretaría de Agricultura Familiar durante la presidencia de Mauricio Macri, “solos no podemos y era toda gente formada y comprometida con el sector”, concluyó.

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