Catedral de Salta Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Corbalán

Por Gabriela Origlia  La Nación

SALTA.- Las cinco de la tarde del sábado marcan uno de los puntos de emoción más altos: ingresan en la Catedral de Salta los ” peregrinos mineros” que caminaron 312 kilómetros desde la madrugada del domingo anterior. Las lágrimas corren por rostros duros, curtidos por un tiempo inclemente y por un trabajo intenso. La mayoría llevan imágenes de la Virgen o de Cristo. Se sacan los cascos, se abrazan entre ellos. Los siguen los de Nazareno, los de la caminata más larga: 13 días, 530 kilómetros. Entran y, casi sin detenerse, se persignan ante la Virgen y el Señor de los Milagros. Misión cumplida.

La fe siempre es difícil de explicar, para quien la vive y para quien no. La Fiesta del Milagro, que se celebra desde hace 327 años en esta ciudad, pone a prueba cualquier intento. Convoca casi a un millón de personas; miles llegan desde la Puna salteña. Caminan entre ocho y diez horas diarias entre cerros y ríos, con lluvia, sol abrasador y nieve. Cargan sus imágenes y sus instrumentos musicales. Cantan, bailan y rezan. Son los “caminantes de la fe”.

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