La polémica desatada por el avallasamiento de un grupo de enduristas contra un grupo de restauradores del Camino del Inca en la Quebrada del Toro, levantó polvareda los últimos días y generó también polémica. El Qhapaq Ñan fue declarado Patrimonio Mundial en 2014 por la UNESCO.

Tras los acontecimientos, el arqueólogo y montañista profesional, Chrstian Vitry, publicó un artículo en el que explica las razones por las que “el endurismo afecta no solo los restos arqueológicos sino también al ambiente y a las personas que viven en los cerros”. En su texto el especialista aclara que desde una perspectiva histórica “cada camino fue y es construido para un determinado tipo de transporte”.

Además fueron pensadas para el uso pedestre y de las llamas como animales de carga. “Se trata de caminos con muy poca pendiente (entre 3 y 5° de inclinación), razón por la cual, se trazaron muchos zig zag en las laderas montañosas” señala Vitry en su texto.

Modificación del trazado

Vitry señala que los caminos están conformados en su mayoría por muchos zig zag y curvas en ángulo agudo muy cerrado. “Aquí las motocicletas necesariamente deben doblar antes del ángulo de la curva y las consecuencias son el cambio de la trazado original del camino y, como en las curvas es donde las motocicletas más traccionan, se generan zanjas por donde se canalizará el agua al llover” señala.

En la imagen satelital observamos de que manera el trazado original del camino (amarillo) se va alterando en las curvas.

Atajos peligrosos

Otro de os puntos que se tienen en cuenta es que si bien en los zig zag largos los motociclistas toman atajos a campo traviesa sobre la ladera, esto afecta indirectamente el camino. “Las zanjas producidas en una pendiente tan pronunciada hace que las aguas erosionen fuertemente y formen cárcavas enormes que cortan transversalmente a los caminos” puntualiza el infirme. Si bien fue terea de los becarios la restauración de zanjas de hasta tres metros de profundidad, “el problema es que una vez que estas huellas se transforman en zanjas, los motociclistas abren una nueva”.

Canalizaciones forzadas

La tracción de las ruedas de las motocicletas deja una huella profunda y altera la inclinación a favor de la pendiente y hace que el agua se canalice por el propio camino. Es el caso del tramo del sendero en Las Capillas que se convirtieron en “cárcavas” por este motivo.

Ruptura de los muros de contención

El experto señala que los caminos poseen muros de contención. “Estos muros se ven no solo debilitados por el paso de las motocicletas, sino en algunos casos destruidos, pues el peso y la tracción va aflojando los pircados y luego se van desmembrando” indicó.

Construcciones andinas en peligro

Otro factor perjudicial es la vibración que producen las motocicletas cuando pasan cerca de estructuras arqueológicas como el caso del sitio Incahuasi. “Los motociclistas atraviesan por todo el sitio y además circulan al lado del recinto más emblemático donde se encuentra la llamada Silla del Inca”.

Fauna autóctona afectada

En cuanto al daño que el paso de las motos provocan a los pobladores se encuentra el ruido que provocan las motocicletas. Esto puede causar que el ganado se asuste y se aleje más de lo normal desbarrancar. Algo similar puede pasar con otros animales autóctonos como los guanacos y vicuñas. “Los pobladores observaron algunos de estos ejemplares despeñados luego del paso de motociclistas” señaló el arqueólogo.

La yapa

Por fuera de estos seis puntos, se atribuye uno es particular a los cuatro motociclistas que circularon por el camino en restauración. “Destruyeron unos pequeños muretes transversales al camino colocados para que el agua no se canalice sobre la vía y drene hacia la ladera” indicó Vitry y agregó que fueron “más de una docena de éstos dispositivos”.

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