Por Noelia Tapia

Hoy se cumplen 43 años de aquel Golpe de Estado que nos marcó como Nación. Este es el día donde conmemoramos y reivindicamos a los 30.000 desaparecidos: algunos secuestrados, privados de su libertad, torturados en centros clandestinos, exiliados e incluso recién nacidos que fueron apropiados.

El régimen militar iniciado aquella madrugada, por el teniente Jorge Rafael Videla, acompañado por Massera y el brigadier general Orlando Agosti, no fue una expresión aislada, sino todo lo contrario, fue la expresión más dolorosa de una sucesión de intervenciones militares (1930-1932, 1943-1946, 1955-1958, 1962-1963, 1966-1973). Aquel Golpe fue denominado Proceso de Organización Nacional, con un programa de tres etapas: orden constitucional, revalorización de la autoridad y consolidación del proceso.

Los años que pasaron bajo aquella dictadura estuvieron asignados por una constante e ininterrumpida violación de los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y un terrorismo de Estado que funcionó como médula y ánimo social del Estado Argentino.

La situación imperante no era solo aquí en Argentina, sino que estos regímenes actuaban casi paralelamente en la región y su modo de operar respondía a un plan mayor, un plan que se conoce como “plan cóndor”. Este ya había comenzado a operar en Latinoamérica, y coordinaba las distintas dictaduras en Brasil, Paraguay, Chile, y Uruguay.

El día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia es una fecha para no olvidar, es un día para conmemorar y buscar mantener vivos en la reflexión y memoria social los tristes acontecimientos que acaecieron en la Dictadura militar. De hoy en adelante nuestro objetivo debe ser tener presente los terribles errores que se cometieron y las consecuencias fatídicas a las que conllevaron.

Debemos tener una mirada consiente y de respeto por las cientos de familias que perdieron a un ser amado. Para ello, la memoria es lo más valioso que podemos tener: un acto de recreación del pasado, desde la realidad del presente y el proyecto de un futuro. Pero con la convicción de seguir reconstruyendo la historia reciente. Nuestro pasado, es nuestra historia, nuestra identidad como ciudadanos y no podemos, ni debemos olvidarla.

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